Ecología

domingo, 5 de abril de 2020

EL DILEMA DE EUROPA FRENTE AL COVID 19


Autor: Manuel Fernández de Sevilla
*Economista


coronabonos para luchar contra el coronavirus”


El espíritu que llevó en su día a la formación de la Comunidad Económica Europea, posteriormente denominada Unión Europea, fue el hecho de evitar futuras guerras, como las habidas durante el siglo XX, de dimensiones catastróficas, al objeto de apostar por construir una Europa más social y federal.

Durante la última década del siglo XX, una vez desaparecido el bloque soviético y desterrado el comunismo, encontramos a los hijos de las viejas burguesías nacionales, participando en las directrices del mercado internacional, como instrumentos de la globalización mercantilista que alimentaron, y dejaron a los Estados nacionales en un simple reflejo de su sombra: el dinero no tiene patria”.


Nos encontramos ante la paradoja de una guerra contra un virus, muy distinta de las antiguas guerras, que está poniendo en evidencia la falta de recursos para hacerle frente. Tras años de privatizaciones del sector sanitario, considerado antiguamente como un sector estratégico de la economía, contemplamos impotentes como se esfuma diariamente la vida de tantas miles y miles de personas. Alguien tendrá que asumir la culpa de tanta muerte y destrucción, por los efectos psicológicos y sociales que está causando esta crisis humanitaria que, a su vez, está causando una fuerte crisis económica.

Ante la ecatombe que se nos viene encima, un sector del capitalismo que está viendo caer la rueda del consumo, rescató las políticas intervencionistas, para reanimar al sistema económico, y sobre todo para no dejar desamparados a millones de ciudadanos que se han visto confinados, de la noche a la mañana, con lo que conlleva una situación de parón económico obligado, sin ingresos y sin recursos con los que hacer frente a los pagos y obligaciones económicas.

El viernes 20 de marzo de 2020 el gobierno de los EEUU aprobaba un plan de inyección de 2 billones de dolares en la economía americana, para ayudar a las familias y a las empresas, y evitar la quiebra ante la crisis del COVID 19, lo que ha supuesto la monetización de la deuda nacional, la creación de billetes desde la Reserva Federal de los EEUU. Una política económica contraria a los principios del liberalismo económico ortodoxo. La ortodoxia liberal, más cercana al sistema de patrón oro, trata de evitar la mayor presencia de billetes y monedas en circulación, al objeto de equiparar el oro de la reserva con los billetes y monedas que circulan en la sociedad. Está claro que hace mucho tiempo que esta equiparación entre el oro y los billetes que circulan en la economía real, quedaron muy distanciados. Cuantos más billetes se imprimen, menos valor en oro tienen cada uno de ellos en su equiparación respecto a una hipotética existencia del patrón oro, lo que equivale a una devaluación de la moneda en el medio y largo plazo, y por tanto es favorable a una situación de inflación monetaria.

Los miedos de la ortodoxia liberal a la inflación monetaria, y a todas aquellas políticas que impulsen o reanimen de una manera artificial la economía, tratan al mismo tiempo de negar el endeudamiento colectivo. Como defensores del presupuesto equilibrado, promueven los recortes sociales, y la apreciación o revalorización de la moneda, basada en la confianza del mercado, y en la solvencia que desprenden los países que la ejercen, al cumplir con sus pagos y obligaciones financieras en el mercado internacional. Es decir, si un país debe dinero a otro país, o si un país debe dinero a un grupo bancario, ese país deudor está en tela de juicio, porque las agencias de calificación internacionales valoran su solvencia económica y la puntualidad en los pagos y obligaciones financieras.

En la Unión Europea se ha llegado a una situación por la cual la economía italiana, con el 140% del PIB no es capaz de devolver toda la deuda nacional que tiene en curso, lo que significa que año tras año, los intereses de la deuda hipotecan los ingresos públicos presentes y futuros, mermando por tanto la capacidad presupuestaria, y el margen de maniobra para poder implementar políticas de inversión en gasto social y sanitario.

Los enormes esfuerzos que llevan sacrificando a los países del sur de Europa, los llamados PIGS (cerdos en inglés, Portugal, Italia, Grecia, Spain), para afrontar los pagos y refinanciación de la deuda nacional, se han visto parcialmente solventados por la intervención del Banco Central Europeo, a la hora de monetizar las respectivas deudas nacionales, lo que permite una baja o mínima prima de riesgo. Este aval permite condiciones de endeudamiento más ventajosas. Sin embargo la presencia del COVID 19 ha alterado todas las alarmas, y ha puesto en primer lugar la necesidad de proceder a un endeudamiento extraordinario para afrontar esta crisis humanitaria.

Durante estas semanas hemos visto como los gobiernos de los Estados europeos a los que está afectando la crisis del coronavirus de forma más acuciante, como es el caso de Italia y España, han practicado políticas millonarias, al objeto de intervenir en la economía para ayudar a las familias y a las empresas, sin embargo no es suficiente con estas medidas, ya que los efectos negativos de esta crisis se preveen duros y largos en el tiempo. Las necesidades extraordinarias de endeudamiento para afrontar esta crisis se ha traducido en un nuevo dilema en el seno de la Unión Europea.

Desde su creación, nos han vendido las bondades y ventajas de pertenecer al selecto club europeo, sin embargo, las recientes declaraciones del primer ministro holandés, Mark Rutte, quien lidera junto con Alemania y Finlandia el bloque que se opone al endeudamiento solidario mediante eurobonos o coronabonos, pone de manifiesto, que los países del sur de Europa han sido atractivos hasta cierto punto, desde una perspectiva y visión mercantilista y economicista, postergados a una dependencia económica y financiera respecto al norte, que evidentemente les interesaba: recordad las políticas de especialización del monocultivo productivo, y la condena de España a desarrollar únicamente el sector servicios.

Vista la situación actual, el bloque que se niega a la emisión de coronabonos, argumenta básicamente que “ellos no tienen porque pagar las deudas e intereses de los países del sur” de Europa, cuando se refieren a Italia y a España, los más dañados por el coronavirus, por ello no quieren ni oír hablar de “coronabonos”.

Los países del sur, como Portugal, Italia, España y Francia lideran el lema de “coronabonos para luchar contra el coronavirus”, propugnando el endeudamiento colectivo y solidario de toda la Unión Europea, que se exponga como aval y garantía de los préstamos necesarios para frenar la pandemia y sus efectos negativos.

Por ello, en algunas localidades italianas se izaba la bandera de la República Popular China, mientras se arriaba la de la Unión Europea, como respuesta de la profunda desafección que provoca la respuesta insolidaria por parte de algunos ministros en Europa. Hemos asistido en Italia a la bienvenida de la ayuda rusa y cubana, y todo ello en agradecimiento a países que no forman parte de la Unión Europea, y que han demostrado mayor capacidad de respuesta ante las necesidades sanitarias de los países afectados, cuando por otra parte tanto Alemania como Francia se negaban a facilitar a España parte de su material sanitario ante la crisis que se avecinaba. El mismo principado de Andorra ha sido criticado por los EEUU, por la llegada de los médicos cubanos, que de manera solidaria han acudido en auxilio del pequeño estado -sin ejército ni industria estratégica- para afrontar el COVID 19, cuestión que se ha considerado una amenaza para la seguridad de Occidente.

Estamos contemplando una Unión Europea con serias carencias de respuesta social, con nulos protocolos de prevención contra pandemias, sin ninguna mínima solidaridad, donde su única respuesta económica es la habilitación de un Fondo económico, que sirva como nuevos préstamos extraordinarios que los países ricos de Europa realizaran a los países más endeudados y más golpeados por el COVID 19, lo cual se traduce en una mayor dependencia económica, y pérdida evidente de capacidad de soberanía.

La Unión Europea debe ser fuerte y entender la necesidad social y económica extraordinaria que exige la financiación mediante emisión de “coronabonos”.