Ecología

domingo, 12 de julio de 2020

Agustina Izu Belzunce, la última margarita


Obituario
Autor: Miguel Izu
03.07.2020 

Con 108 años nos ha dejado mi madrina, la tía Agustina, que para todos los hermanos fue una segunda madre. A su edad, llevaba ya mucho tiempo hablando de su muerte y disponiendo las cosas que tendríamos que hacer los que la sobreviviéramos, le encantaba organizarlo todo. Hace unos días me dijo: "Si escribes algo cuando muera, di que soy la última margarita". No sé si realmente era la última, porque las mujeres de su generación salieron muy resistentes y hay muchas centenarias, pero en todo caso si será una de las últimas.
Las margaritas eran la asociación de mujeres carlistas en las primeras décadas del siglo XX, tomaban el nombre de la esposa de Carlos VII. Mi tía no habría podido ser otra cosa porque había nacido en una familia carlista en un pueblo mayoritariamente carlista, Etxauri, en aquella Navarra rural, profundamente tradicional y conservadora donde el carlismo estaba tan arraigado, y no tanto entre las clases privilegiadas sino entre el campesinado. Pero quienes desde el presente suelen identificar el carlismo con un partido de extrema derecha, sin más matices, desenfocan lo que significó en aquellas épocas, sin tener en cuenta que fue un movimiento muy complejo y que cuando, en el franquismo, se disgregó, sus diversas tendencias desembarcaron en partidos de todo el espectro, de la extrema izquierda a la extrema derecha.
Mi tía Agustina se educó en aquella sociedad peleada con la modernidad, anterior a la industrialización acelerada y al éxodo rural de hace poco más de medio siglo, pero no fue una persona cerrada al progreso. Seguía orgullosa de haber pertenecido a las margaritas, fueron de las primeras mujeres que, sin ser feministas, intervinieron activamente en política, cuando todavía ni siquiera tenían derecho a voto. Contaba, entre risas, que ella fue la primera que usó traje de baño en su pueblo, en un tiempo en el que las mujeres se bañaban en el río con una larga y pudorosa bata, y que el párroco la llamó para echarle una reprimenda. Devota católica que nunca sintió nostalgia por los ritos tridentinos, asumió perfectamente las novedades del Concilio Vaticano II y apoyó a la rama renovadora del carlismo que evolucionó al socialismo autogestionario.
A veces me sorprendían sus opiniones, una curiosa mezcla de ideas anticuadas con otras muy avanzadas. Se lamentaba de no poder votar ya a los carlistas y me consultaba sobre a quién podía votar, con la queja de que ya no entendía nada, lo que era cierto solo a medias. No había perdido facultades mentales, pero el mundo en el que vivía ya no era el suyo y le parecía incomprensible, algo nada extraño porque a los de las generaciones siguientes también nos parece a menudo absurdo e ininteligible. Pero siempre iba a votar, la última vez con sus 107 años, convencida de que es una obligación cívica, y solía decir que, si había referéndum sobre la monarquía, ella iría a votar por la república.
Sus últimos años no fueron felices, en una dolorosa dependencia que, tras haber sido una mujer tan activa y trabajadora, llevaba con resignación. Había perdido la vista, parte del oído y, con los huesos cada vez más maltrechos, estaba confinada en la silla de ruedas y preparada para la muerte. Una vez le oí lamentarse: "Dios se ha olvidado de mí".
No, no la había olvidado, pero nos la prestó unos pocos años más. Ahora, al fin, la ha llamado para descansar en paz.
Miguel Izu



viernes, 3 de julio de 2020

Pandemia ultracapitalista

AUTORA: MARÍA IGLESIAS

 29/06/2020 

 La derecha empresarial, más lista que la política y mediática, fuerza cambiar la estrategia de confrontación por la de unidad para que el Estado pague la crisis sin subir impuestos a los ricos sino, de nuevo, recortando Con la alarma del 14 de marzo la vida cambió en un día. Como nuestra única defensa ante el virus era una sanidad y ciencia debilitados por décadas de ultracapitalismo, no tuvimos más remedio que encerrarnos. Vimos y se escribió, incluso en diarios tan afines al sistema neoliberal como el Financial Times, que urgía reforzar el papel del Estado en la economía para evitar el colapso. 
Pero el capitalismo es un virus ultrarresistente. Muta veloz para protegerse. Sin importarle el dolor de la gente. 

Ahora dos fenómenos confluyen para dar vigor a la pandemia ultracapitalista y nos pilla aletargados por el verano, los efectos del confinamiento y el miedo a perder salud y empleo. 

De un lado, se ha pasado de creer bárbaros a quienes en marzo defendían que por encima de la salud primaba la economía a, hoy por hoy, normalizar que la reactivación bien vale grandes riesgos. Los europeos nos mofábamos del vicegobernador de Texas, Dan Patrick, por decir que abuelos como él debían aceptar morir para dejar a sus nietos un capitalismo sano. Creíamos que el club presidido por la sofisticada Von der Leyen no era comparable al rancho del burdo Trump. No obstante, Europa abre fronteras sin más control que la declaración del pasajero, la medición de temperatura ¡y la observación visual!? Que "no sirve de nada", según la presidenta de los Médicos de Sanidad Exterior, Mar Faraco. ¿Cabía dudarlo? 

"El riesgo cero no existe", nos repiten como mantra. Pero entre riesgo cero y llenar aviones, entre riesgo cero y no dar protección en la vuelta al cole: ni metro y medio entre alumnos, ni entrada y salida escalonados, ni recreos por grupos burbuja… Se pondrá en riesgo a los niños y, de nuevo, a los abuelos. Por dinero. 

La derecha española cambia de estrategia 
Por otra parte, en España, la confrontación a que estaba lanzada la derecha política y mediática ha sido reconducida por la empresarial. La CEOE monta un foro de relumbrón: la presidenta del Santander, el de Zara o el ricachón de Ebro Food (cuya fortuna viene del franquismo), esa élite del 2,09% de empresarios españoles con más de 20 empleados frente al 87,2% que solo tienen un trabajador o dos. Y con el poder que el capital y ningún voto les otorga adoctrinan sobre la vital unidad para mantener los ERTE, las ayudas estatales a empresas y autónomos pero sin subirle a ellos los impuestos. Tan pragmático como dice ser el alto empresariado, ¿de dónde saldrá el dinero ya que se niegan a la justicia fiscal? Les veo pelín demagógicos y muy ideológicos. 

Tras el acercamiento de Cs al gobierno de PSOE-UP que ha llevado al Ejecutivo a incumplir su compromiso de subir impuestos a las fortunas y derogar la reforma laboral, ahora el PP deja de conspirar en Europa con Holanda, Suecia, Dinamarca y Austria para dificultar las ayudas a España y respalda que presida el Eurogrupo la ministra de Economía Nadia Calviño. Hasta Vox, vía Espinosa de los Monteros, la apoya porque es "lo menos malo" del Gobierno. A buen entendedor, ¿verdad? 

Vuelta de tuerca capitalista y recortes 
La reconstrucción que, con puño de hierro en guante de seda, nos prepara la derecha es la enésima vuelta de tuerca capitalista a base de recortes y precariedad. Las previsiones -FMI, Banco de España…- son para llorar. El paro en nuestro país que antes del covid-19 era del 14% sube al 20% y sería del 34% sin los ERTE. Lo peor le caerá a los jóvenes, la mayor mano de obra en comercio y hostelería, sectores muy dañados. Una juventud española que ya sufría un 32% de paro, el segundo peor de la UE, que se independizaba a los 29 años, tres más tarde que la media. Para las mujeres cualquier parámetro peor siempre. 

¿Qué decisión estratégica se prevé para que la gente, no ya nuestros hermanos del tercer mundo contra los que Europa recrece sus muros, sino más y más de aquí podamos vivir? Ninguna.

El capitalismo matará al capitalismo 
El capitalismo, como la fiesta de los toros, morirá no porque haya quien abomine, sino porque es un desastre insostenible. Caerá sí o sí. 
Hay dos caminos posibles: 
O los excluidos llegarán a ser tantos y tan desesperados que al fin se fraguará la traída, llevada y hasta ahora imposible unidad por una alternativa de derechos humanos y sostenibilidad. O la voraz rueda de productividad, consumo, beneficio y explotación seguirá devorando recursos y vidas hasta el colapso del planeta. 

El más ultracapitalista lo sabe. Aprietan para que sus descendientes mantengan los privilegiados, sí, pero en un mundo condenado. 

Este junio, en Siberia, se registran 30º grados de media, con picos de 38º. El deshielo allí triplica el ya veloz en el resto del globo. 
Esto debería obsesionarnos. Eclipsada Greta Thunberg, no parece prioritario. Pero el activismo se reactivará. Voces nuevas surgen siempre, se reemplazan, en defensa de la democracia y el pacto humano. Heroínas y héroes frente a la dictadura china en Hong Kong, jóvenes como Olga Mísik, que desafía el autoritarismo de Putin en Rusia, el movimiento antirracista que irradia de EEUU... Otras primaveras y otros 15M vendrán. 

Pero cada vez queda menos tiempo. No lo olvidemos.

lunes, 22 de junio de 2020

El talón de Aquiles de la sociedad española

EL DIARIO.ES

Autor: JAVIER PÉREZ ROYO





Nuestro mayor desequilibrio en la distribución de la riqueza y su impacto en el ejercicio de derechos fundamentales básicos como la educación o la sanidad es el talón de Aquiles de la sociedad española para hacer frente a la crisis de la COVID-19

El pasado 18 de junio el profesor Tim Wu publicó en el New York Times un artículo con el título 'How to Avoid a Rich Man’s Recovery', en el que sostenía la tesis de que el Gobierno Federal presidido por Donald Trump había puesto en marcha un programa, en el que, aparentemente, se estaba protegiendo a todo el mundo. Pero con una diferencia "clave" entre la protección que se dispensa a las grandes empresas y la que se proporciona a las medianas y pequeñas, así como a los trabajadores.
A las grandes empresas, las diversas medidas que contempla el programa les proporciona "seguridad". No un simple alivio en el presente, sino una garantía de supervivencia en el futuro. No unas medidas de ayuda, sino una "póliza".
Para las medianas y pequeñas empresas y para los trabajadores, se contemplan unas medidas de apoyo en el presente, pero con un horizonte de "inseguridad" en el medio y largo plazo. No hay previsión de que el seguro de desempleo se prolongue hasta que se recupere el empleo, ni mucho menos la posibilidad de una "renta básica universal".
En cierta medida se está reproduciendo en 2020 la respuesta a la crisis de 2008, aunque con una apariencia distinta. Cuando se analiza detenidamente, el programa del Gobierno Federal puede parecer neutral, dice el profesor Wu, pero está enormemente descompensado a favor de las rentas más altas. La crisis de la COVID-19 puede acabar conduciendo a una todavía mayor concentración de la riqueza en la cúspide de la sociedad americana de la que ya se produjo tras la crisis de 2008.
¿Podrá ocurrir en la Unión Europea algo similar? ¿Se puede acabar reproduciendo una salida similar a la de la crisis de 2008? ¿Se puede volver a reproducir el "rescate" de los poderosos y el abandono a su suerte de todos los demás?
Es verdad que la respuesta inicial está siendo en 2020 muy distinta a la de 2009, pero también estamos viendo cómo la fortuna de las personas más ricas se ha incrementado notablemente en estos primeros tres meses de la pandemia, tanto en los Estados Unidos como en los diversos países europeos y concretamente en España, mientras que se está produciendo un empobrecimiento generalizado del resto de la población. Los países son más pobres hoy que hace tres meses, pero no todos los ciudadanos son más pobres. Algunos son más ricos, incluso notablemente más ricos. En España se ha aprobado el ingreso mínimo vital, que ha supuesto un avance histórico en nuestro sistema de protección social, pero las dificultades con la prolongación de los ERTE más allá de la fecha inicialmente prevista ya nos están indicando que el horizonte se oscurece para los trabajadores.
El binomio entre "seguridad" para unos pocos e "inseguridad" para la inmensa mayoría es lo que tiene que ser abordado y excluido en la salida de esta crisis. Es un binomio que solo puede se abordado a "escala europea", ya que, como dijo Angela Merkel tras entrevistarse con Emmanuel Macron y hacer la primer propuesta de un proyecto a escala europea, "el Estado nación solo no tiene futuro". Ni el alemán ni ninguno. O hay una respuesta europea para todos, o no habrá respuesta para nadie.
Ahora bien, ello no quiere decir que la respuesta pueda ser exclusivamente europea. Ningún Estado puede esperar que la Unión Europea "le saque las castañas del fuego". Cada uno tendrá que sacárselas por sí mismo. Con la protección que proporciona el marco europeo, pero haciendo el esfuerzo en el interior del propio país para conseguirlo.
Y en este sentido es claro que España va a tener que hacer un esfuerzo superior al que van a tener que hacer otros países europeos. El desequilibrio en la distribución de la renta, el desequilibrio en la presión fiscal, en la protección de la salud o en el ejercicio del derecho a la educación, como hemos podido comprobar desgraciadamente en la crisis desatada por la COVID-19, no son problemas que nos pueda resolver la Unión Europea. Tendremos que resolverlos nosotros.
El binomio entre seguridad para los menos e inseguridad para la mayoría se ha expresado en España con una intensidad extraordinaria. Este es el talón de Aquiles de nuestro país en este momento. Es lo que nos debilita en la negociación con los demás países en el interior de la Unión Europea. Y es lo que tenemos que corregir en el proyecto de reconstrucción que necesariamente vamos a tener que acometer en los próximos meses y años. España tiene que mirar hacia fuera, pero también tiene que mirar hacia dentro. Diría que tiene que mirar, sobre todo, hacia dentro.
El clima político no parece favorecer esta mirada introspectiva, sino todo lo contrario. Pero "a la fuerza ahorcan", dice el refrán. Tal vez sea la oportunidad que acabe suponiendo la crisis de la COVID-19. Solamente lo podremos hacer en el marco de un proyecto europeo, pero lo tendremos que hacer nosotros. El marco europeo nos da la posibilidad de poder intentarlo, pero no nos garantiza que tengamos éxito.